Aquel granjero tenía un establo de vacas. Su esposa fue con el abogado del pueblo y le dijo que quería divorciarse de su marido. “¿Por qué?” -pregunta el licenciado. “Porque es un maniático sexual -se queja la señora-. No sabe contener su deseo carnal, ni pone freno a su lujuria. Ayer por la mañana estaba yo viendo los pollos. Llegó él por atrás y sin más ni más me poseyó ahí mismo”. “¿Dice usted que estaba viendo los pollos? -pregunta el abogado-. Entiendo que la granja de ustedes es de vacas, no de pollos”. Aclara la mujer, mohína: “Estábamos en el supermercado”... Como de costumbre, Empédocles Etílez llegó borracho a su casa aquella noche. Su mujer lo esperaba con las maletas hechas. Estaba harta de sus continuas embriagueces, le dijo terminante. Se iba; lo dejaba para siempre. “¡Por fa