A aquella madura señorita le decían “La melodía olvidada”. Ya nadie la tocaba... Este charro tenía fama de agarrado, de cicatero, de ávaro, de excesivamente ahorrador. Un día se presentó en el lienzo. “Don Avaricio -le dice otro jinete-. Trae usted una sola espuela. Se le olvidó ponerse la otra”. “No más compré una, pelao -responde don Avaricio-. He notado que cuando arranca una mitad del caballo la otra mitad arranca también”... Empédocles Etílez, el borrachín del pueblo, iba por un callejón cuando vio brillar algo en la basura. Era una lámpara de forma extraña. Para limpiarla la frotó con la manga, y de la lámpara salió un genio de Oriente. “¡Gracias, amo! -exclama el genio-. ¡Me has liberado de mi prisión eterna! Voy a concederte tres deseos. ¡Pídeme lo que quieras!”. El borrachín no va