El padrecito recién ordenado iba a predicar un sermón sobre el infierno. Para juzgar la calidad de su homilía el cura párroco se sentó en primera fila. Y comenzó su perorata el émulo de Fenelón. Dijo: “El infierno, hermanos, está lleno de todas las cosas que hacen la perdición de los humanos: cigarros, vino, música estridente, mujeres con bikinis de una sola pieza, vedettes, bailarinas exóticas, chicas con minifalda y blusas transparentes...”. Desde su banca le dice en voz baja el señor cura: “Ya no le sigas, Arsilio. ¡Hasta a mí me están dando ganas de ir allá!”... Subió al autobús doña Prolifia acompañada por sus doce hijos. Con ellos subió un señor del barrio, don Geroncio, que se apoyaba en su bastón. Alcanzaron asiento doña Prolifia y todos sus retoños, pero don Geroncio ya no encontr