Libidiano les hacía a sus amigos el relato de su última aventura erótica. "Estaba con una mujer casada -les cuenta-, cuando llegó el marido. Salté por la ventana y eché a correr. El tipo me disparó un balazo. La bala me pasó tan cerca que la oí silbar”. Le pregunta uno: "¿De veras la oíste silbar?”. "Y dos veces -asegura Libidiano-. Una cuando la bala me pasó a mí, y otra cuando yo pasé a la bala”... ¿Ninguna autoridad podrá frenar la voracidad de los talamontes? En todas partes del país las selvas y los bosques son objeto de constante destrucción; la ambición de unos pocos atenta contra el bien todos. Yo digo que en cada árbol debería ponerse un pequeño letrero que dijera: "Patrimonio de la Humanidad". Frente a la amenaza del sobrecalentamiento del planeta los árboles son una defensa natu