Cierto sujeto, hombre musculoso y de estatura gigantesca, tenía el tic de abrir y cerrar los ojos continuamente. Cierto día, en un restorán, vino en deseos de desahogar una necesidad menor. Fue al pipisrúm y procedió a cumplir aquello. El tipo que estaba a su lado haciendo lo mismo, un chaparrito, empezó a abrir y cerrar los ojos, igual que él. Se molestó el musculoso individuo que tenía el tic. "Oiga -le reclama al petiso en tono amenazante-. No me remede”. "Pues no me salpique” -responde con temblorosa voz el chaparrín... Llorosa y compungida Susiflor le anunció a su mamá que estaba ligeramente embarazada, y le dijo que el autor del desaguisado era su novio. "No me sorprende -responde la señora-. Desde que me dijiste que ese fulano era un terroncito de azúcar supe que te iba a engordar”.