El galán se inclinó sobre su dulcinea y le sugirió algo al oído. Ella se escandalizó. "¡Estás loco! -le grita-. ¡Eres un pervertido sexual! ¿Cómo crees que sería yo capaz de hacer esas degeneraciones?". Enseguida los ojos de la muchacha se entrecierran, y le dice al tipo con tono receloso: "A menos que hayas sido tú el que se robó mi diario"... "Hay días en que somos tan lánguidos, tan lánguidos...". Eso no lo escribió Barba Jacob, pero lo escribo yo. La mañana amaneció atardecida por una vaga, cansina languidez que puso en mí melancolía y murria. Pero en eso llegó a mi casa el cartero. Porque en Saltillo todavía hay carteros. Y Dios los guarde por muchos años más, pues si desaparecen se irá con ellos algo de la asediada poesía que aún queda en el mundo. El cartero me trajo una carta cuyo