Cada año sin fallar ninguno llegaba a la cantina de aquel barrio, el día último de diciembre, un individuo solitario, y esperaba en una mesa. Entraba a poco un negrazo, se dirigía hacia él y luego de hacerle una profunda reverencia le decía solemnemente: "Tampoco este año manché nada, amo". Luego de decir eso el hombrón de color se retiraba. Entonces el solitario parroquiano se ponía a beber copa tras copa hasta quedar borracho perdido. En una de esas veces el tabernero no pudo contenerse más, y le pidió al bebedor que le explicara -si se podía saber- el sentido de aquella extraña visita, digna de uno de los misterios que proponía Chesterton a través del padre Brown, y la causa de la subsecuente pea anual. El hombre accedió a aclararle esos enigmas. "Hace cinco años -empezó a narrar- iba y