Afrodisio Pitongo pensaba que un hombre casado puede tener hasta tres amiguitas. "Más de tres -añadía severo-, ya es infidelidad". El tal Pitongo se decía monógamo, pues jamás tenía más de una aventura a la vez. Llegó el día en que su mujer conoció sus devaneos. (En el adulterio el marido es el último que se entera; la esposa, la primera que lo intuye). Le reclamó airada su conducta, y le dijo con frase musical: "Hueles a leña de otro hogar". Él respondió: "Ha de ser humo del tren". No tomó en cuenta el descarado que la locomotora de vapor, aquella que humeaba, dejó de usarse ya hace muchos años. Apretado por su esposa hizo lo mejor que un marido puede hacer en tales circunstancias: negó todo. Para eso se necesita sangre fría y supereminente capacidad histriónica. Pitongo poseía ambas cual