Babalucas fue en su automóvil con una linda chica a un paraje solitario. En el asiento delantero del vehículo empezaron las acciones amatorias. Ella era diestra en cosas de erotismo, y bien pronto puso a su galán en competente estado de rijosidad. Le dijo al oído: "¿Quieres ir al asiento de atrás, Baba?". "No" -respondió él. La muchacha siguió con sus sobos, palpamientos, manifacturas, roces y toqueteos, y a poco sintió por señas inequívocas que Babalucas estaba ya en el culmen del deseo sensual. "¿No te gustaría ir al asiento de atrás?" -vuelve a preguntarle. "No" -respondió de nuevo él entre jadeos igniscentes. La chica se desconcertó un poco, pero no era mujer que dejara una obra inconclusa. Eso se lo dejaba a Schubert. Prosiguió con empeño su labor, enriquecida ahora con sutiles destre