Si fuera yo directivo de alguna de las dos grandes empresas de televisión que hay en México, ahora estaría de hinojos ante la Guadalupana para darle gracias de todo corazón por el milagro que me hizo a través de la Suprema Corte de Justicia de la Nación. En efecto, la caída de la mañosa ley que concedía a esos consorcios privilegios excesivos los pone al amparo de las acciones a que se arriesga quien abusa de su poder para obtener ventajas indebidas. En el caso de esta abusiva ley era la Corte o Chávez. Quiero decir, había que escoger entre ser regido por una ley justa y razonable, renunciando a esas improcedentes prerrogativas, o ser objeto el día de mañana de medidas dictatoriales de control extralegal. Merecen reconocimiento los Ministros por esta decisión. No cedieron a presiones; su a