¡Qué bella foto la de Felipe Calderón, su esposa la señora Margarita y sus hijos con el Papa! Es el retrato de una familia mexicana a la que el encumbramiento en la política no ha hecho perder sus raíces, su sencillez ni su íntima verdad. Las comparaciones son ¡oh, diosas!, pero aun a riesgo de caer en alguna impropiedad no puede uno menos que comparar la conducta de esta entrañable pareja con la que antes habitó en Los Pinos. Recordemos aquella malhadada fotografía que mostró a los anteriores residentes de la casa presidencial besándose provocadoramente -si bien ya no provocativamente- ante la sede de San Pedro, y comparémosla con este otro retrato que ofrece a la vista, a más de sencillez, decoro y dignidad. No cabe duda: en lo relativo a los ocupantes de Los Pinos las cosas han cambiado