Don Languidio, señor de edad madura, era funcionario de alto nivel en una empresa. Llegó a trabajar en ella una nueva ejecutiva, mujer de muchas ambiciones, y alguien le dijo que si entraba en relación con don Languidio podría ascender rápidamente en el escalafón. Ella no tenía principios, pero sí tenía fines, de modo que de inmediato se puso en campaña, y no tardó mucho en meter en su red al carcamal. Toda mujer sabe que el hombre es el pez más fácil de pescar. Una tarde, al salir del trabajo, fueron los dos a tomar una copita, y luego se dirigieron a cierto discreto motel que cerca estaba. Don Languidio iba nervioso: temía no poder ponerse a la altura de las circunstancias. Pero ella, diestra y sabedora, lo ayudó a izar la flámula de combate, y aunque con ímprobos trabajos el senescente