Jean Cusset, ateo siempre con excepción de la vez que vio a través de un telescopio, dio un nuevo sorbo a su martini -con dos aceitunas, como siempre-, y continuó:
-La vida únicamente cobra su sentido pleno en presencia de la muerte. Sólo si reconocemos que la muerte significa algo podremos dar a la vida significación. Si no hay nada después de la muerte, es que tampoco hay nada en la vida, sino sucesos incoherentes, ciego azar.
Contempló su martini Jean Cusset, y los reflejos de la luz en el cristal de la copa, y prosiguió:
-El sufrimiento debe tener también alguna explicación. No la conozco, pero sé que se sufre por algo, y que el sufrimiento, que es parte de la vida, ha de tener el mismo significado que ella. Un gran misterio encierra el sufrimiento que ahora no conozco, pero que al