Quien se sienta de sentón y se levanta de pujido, está jodido. Así estaba don Autumnio, asiduo visitante de Solicia Sinpitier, madura señorita soltera. No daba trazas de querer ser más que un buen amigo para ella. Hay quienes piensan que la amistad es imposible entre una mujer y un hombre, al menos si los dos tienen el alma en su almario. Quizá cuando las hormonas han dejado ya de borbotar sea dable que el varón y la fémina sean amigos, pero aunque los dos hayan llegado al siglo de su edad habrá siempre en su trato un viso de sexualidad, elemento que según entiendo desaparece unos 15 días después de haberse apagado el último aliento de la vida. Cansada de aquella ambigua situación, un día Solicia le hizo a su visitante una pregunta a bocajarro: "¿Cómo sería nuestra vida, amigo mío, si nos