Llevo en torno de mí un revoleo de preguntas que me acosan con la feroz insistencia de las moscas. No me inspiran temor las de carácter metafísico; ésas las puedo contestar. Por ejemplo, a la trascendental pregunta: "¿De dónde venimos y a dónde vamos?" respondo no sólo con certidumbre, sino además en verso endecasílabo: "Venimos del Amor y al Amor vamos". Las preguntas de tipo físico tampoco son problema para mí. "¿Cuántos centímetros medía el busto, y cuántos la grupa de Gina Lollobrigida en sus buenos tiempos (y los míos)? Respuesta: Todos los centímetros del mundo. Hay, sin embargo, preguntas que tienen parte de física y parte de metafísica. Ésas son de imposible respuesta para mí. Ante ellas me quedo turulato, patidifuso y alelado. He aquí una de esas preguntas sin contestación: "¿En q