Florilí, muchacha cándida, aceptó hacer ofrenda de su doncellez a su novio Fornicio. Pensó que con eso él se decidiría a aceptar los lazos de Himeneo, es decir a desposarla con los sagrados vínculos del matrimonio. Así pues, agotados los deliquios del pasional trance de amor, le insinúa Florilí a su novio con mucha timidez: "-Fornicio: la ilusión más grande de mi vida es tener un marido''. "-Está bien -concede el vil sujeto-. Pero me gustaría seguirte viendo aunque sea de vez en cuando''... Estaba en su trabajo aquel señor. A eso de las 11 de la mañana se sintió indispuesto, de modo que se fue a su casa. Cuando llegó al domicilio conyugal encontró a su esposa en incandescente y lúbrico abrazo de voluptuoso libídine con un desconocido. "-¡Eres una infame, Colchorina! -grita el pobre sujeto