"Ando como girasol en día nublado: hecho un pendejo". Don Simón Arocha, inolvidable señor del norte de mi natal Coahuila, solía usar esa contundente frase para manifestar perplejidad, asombro, duda, confusión, turbamiento o desorientación ante los acontecimientos de la vida. Así he andado yo también todo este día: como girasol en día nublado. En Saltillo, donde nací y he vivido los años de mi vida por especial bondad de Dios, el día amaneció color grisalla, nuboso y con murrias de llovizna. Todos los días de Dios son bellos, aun los que con ligereza y sin pensar llamamos feos. Pero ciertamente hay algunos que llaman a la melancolía. En tal estado de abatimiento o postración ¿se me puede pedir acaso que oriente a la República? Ad impossibilia nemo tenetur. Nadie está obligado a hacer lo imp