Dos amigos se hallaron después de largo tiempo de no verse. Uno le dice al otro: "Pensé que habías muerto". "¿Por qué?" -se sobresalta el otro. Explica el primero: "Es que últimamente todo mundo habla muy bien de ti". Una chica de tacón dorado pasó a mejor vida. En su velorio dijo alguien: "¡Qué mujer! Se fumaba seis cajetillas de cigarros cada día. Era capaz de beberse dos botellas de brandy sin marearse. Peleaba como pocas y maldecía como ninguna. Podía dar buena cuenta de diez hombres en una sola noche...". Una compañera de la difunta suspira con tristeza: "¡Caramba! ¡Tienes que morirte para que la gente diga de ti cosas bonitas!"... Los cuentecillos que he narrado ilustran una de las más tristes facetas de la naturaleza humana: aquella que nos hace regatear el elogio a quienes viven y