Muchas veces el mejor regalo que podemos hacerle a la Nación es nuestro silencio. Mal hago yo en decirlo, pues soy uno de los mexicanos que más oportunidades de callar desperdicia cada día. Si eres sabio, tu silencio es necedad; si eres necio, tu silencio será sabiduría. En ese contexto el silencio es mi único saber. Pero no soy el único que incurre en delito de garrulería. Roberto Madrazo, por ejemplo, sale ahora con la muy peregrina novedad de que gracias a su patriotismo el país se salvó del caos, la anarquía y otros males de similar jaez. Dice que pudo haber pedido la nulidad de la elección presidencial y volver a buscar la Presidencia en mejores condiciones, pero pensó -añade- que la patria es primero, y renunció a la posibilidad. Quimera o fantasía es eso; vano deliquio engañoso. Lo