Estaban en lo más apasionado del trance amoroso, y dice el hombre a la mujer: "-¡Eres la mejor esposa que pudo haberme tocado! ¡Y no me importa lo que piense tu marido!”... En la noche de bodas, el joven novio descubre que su flamante mujercita no sabía nada, absolutamente nada, de las cosas de la vida. Con gran sensibilidad, para no causarle un trauma irreparable, el muchacho tiene el acierto de actuar con delicadeza, y antes de cualquier cosa procede a darle una tierna explicación acerca de esas realidades. Al día siguiente comentaba la muchacha desperezándose en el lecho con una gran sonrisa de felicidad: "-¡Ay, Sigifredo, lo que más me gustó de anoche fue cuando la abejita se posó en el cáliz de la florecita!”...La multitud rodeaba a la mujer adúltera, y el populacho se disponía a lapi