La virginidad es como un billete de banco: si lo das no te queda nada; si lo conservas no te sirve para nada. Libidiano Pitioner, hombre salaz, era proclive a la concupiscencia de la carne. (Siempre que se habla de concupiscencias se piensa en la carnal, pero lo cierto es que muchas otras concupiscencias hay: la del dinero, la del poder, la de la fama...). Libidiano sentía el apetito desordenado del placer carnal. Solía repetir la frase de Aristóteles Onassis: "Si la mujer no existiera todo el dinero del mundo carecería absolutamente de sentido". Pitonier sostenía que arruinarse por causa de los negocios, del juego o la política tiene algo de sordidez, y aun de necedad, pero que ir a la ruina por una mujer es cosa noble, fino detalle de galantería y prueba de caballerosidad. Conoció Libidi