La señorita Sheila Kill supo que algo interesante iba a pasar cuando lord Fullfig, director de Scotland Yard, le pidió a su mayordomo Beefy que le consiguiera el reloj que mejor marcara la hora en Londres. Supo eso la genial detective porque sir Fullfig era meticuloso en grado extremo, nimio y preciso hasta la exageración. Sostenía que ningún reloj en todo el Imperio Británico marcaba la hora exacta señalada por el Observatorio de Greenwich: todos adelantaban o atrasaban al menos unas milésimas de segundo. Por su parte Beefy era el hombre más racional que había en el Imperio de su Majestad Británica: su apego a los principios de la lógica era algo que irritaba. De esa combinación de excéntricas mentalidades debía salir por fuerza algo igualmente extravagante. En efecto: el fiel mayordomo l