El agente viajero sufrió un desperfecto en su coche, y se vio solo a la mitad del camino. A lo lejos vio brillar una luz. Se dirigió hacia ella y llegó a la casa de un granjero. Le explicó el predicamento en que se hallaba y le pidió que le permitiera pasar ahí la noche. "-Podrá hacerlo -le dice el campirano sujeto-. Pero debo advertirle que no tengo más que una cama libre y en ella duerme...". "-Sí, ya sé -lo interrumpe con una salaz sonrisa el viajero-. En ella duerme su hija joven y bonita, y con ella tendré que compartir la cama". "-No, -responde con extrañeza el viajero-. Tendrá que compartir la cama con mi hijo de 20 años que mide dos metros de estatura, es muy fogoso y está ansioso siempre por liberar las fuerzas de su juventud". En este momento de la narración el viajero, todo desc