Soy un optimista declarado. Mis amigos opinan que soy un declarado... otra cosa. Y no me importa: creo que los optimistas gozamos más la vida, aunque los pesimistas la conozcan más. El pesimismo no es una filosofía, es una seña de vejez. Sé que el pesimismo es más realista que el optimismo, pero yo prefiero la alegría a la preocupación. Ser pesimista no es difícil: lo único que tienes que hacer es ver la situación tal como es. El optimismo, en cambio, requiere de valor. Consiste en esperar cuando todos desesperan; en confiar cuando todos desconfían; en mantener el ánimo cuando todos están desanimados. El optimismo es un grito de batalla; el pesimismo es una declaración de rendimiento. El optimista dice jubiloso: “¡Vivimos en el mejor de los mundos posibles!”. Y el pesimista responde con de