Considero a Ernesto Zedillo uno de los mejores presidentes que México ha tenido en estos tiempos. Los venideros me darán la razón, y espero estar presente para agradecerles esa deferencia. Sin embargo, Zedillo no ha recibido el reconocimiento que merece. Su propio partido le regatea méritos, y aún hay quienes lo acusan de haber entregado por oscuras razones el poder que el PRI durante tantos años detentó. Esa burda acusación es mentirosa, desde luego. Ninguna evidencia hay que pueda sostenerla. Lo que hizo Zedillo fue reconocer el inobjetable triunfo de la oposición; salir con oportunidad y valentía a avalar esa victoria antes de que los priistas de viejo cuño pudieran hacer siquiera una intentona de arrebatar por la fuerza o la añagaza lo que en las urnas había conseguido el PAN. Por eso