Hace medio siglo de esto que voy a contar, y sin embargo lo recuerdo como si fuera mañana. Eran los días de la semana que entonces todavía se llamaba Santa. Estaba yo en un rancho llamado “Pino gacho”, pues crecía ahí un extraño pino de tronco que se inclinaba hacia la tierra. Se halla ese rancho en el cañón de La Carbonera, uno de los hermosos sitios que hacen de la Sierra de Arteaga, en mi natal Coahuila, un paraíso. La gran casa de piedra en que dormíamos era propiedad de don Jesús Santos Cepeda, uno de los hombres más buenos que he conocido, y vaya que en mi vida he conocido mucha gente buena. Personaje de grandes ocurrencias era este simpático señor. Tenía oficina en Saltillo, a la cual entraba por una puerta que daba a la calle. Llegaba en la mañana y preguntaba a su secretaria quién