El amor es una cosa esplendorosa, hasta que se entera tu esposa. La verdad de ese apotegma universal la experimentó en carne propia don Libidio, hombre ya cincuentón y rabo verde. Su señora recibió aviso de que su liviano cónyuge andaba enredado con una damisela. Le reclamó, furiosa: “¿Qué tiene ella que no tenga yo?”. “Tiene lo mismo -respondió con cachaza don Libidio-, pero lo ha tenido 20 años menos que tú”... Un individuo de aspecto estrafalario entró en el consultorio de un pediatra. Llevaba una lámpara de mano que encendía y apagaba una y otra vez. Le dijo al médico: “He dado en la manía de creer que soy un cocuyo. Le ruego que me atienda”. Oiga -aclara el facultativo-. Mi especialidad es la pediatría. Lo que usted necesita es un siquiatra”. “Es cierto -admite el extraño sujeto-. Sé