Aquel campesino indígena jamás había visto un sacerdote católico. Le llamó la atención el alzacuello del padre, que se abotona por detrás, y le pregunta: “¿Por qué trae usted el cuello de la camisa al revés?”. “-Es que soy padre” -responde el sacerdote-. “Bueno -dice el campesino-. Yo también soy padre, y llevo el cuello de mi camisa al derecho”. “No me entiendes -dice sonriendo el sacerdote-. Soy padre de más de 20 mil”. “-Ah, jijo! -se sorprende el campesino-. ¡Entonces lo que debía ponerse con lo de adelante para atrás son los pantalones!”... El señor de madura edad llegó al hotel en Acapulco. Lo acompañaba una exuberante morenaza de busto grandilocuente y pomposísimo derriére. El administrador saluda al señor: “¡Qué gusto verlo de nuevo en Acapulco, don Crésido! ¿Viene de negocios o de