La señorita Peripalda, catequista, estaba alarmada por la falta de agua en su pueblo. "-No ha llovido en seis meses" -relataba. "-¡Qué barbaridad!" -se consterna su interlocutor, el padre Arsilio-. Si las cosas siguen así, dentro de poco no tendrán agua para beber". "-¡Y eso es lo de menos, padre! -prorrumpe llena de angustia la señorita Peripalda-. ¡No habrá agua para echarles a los perros cuando estén haciendo cosas malas en la calle!"... Después de examinar a su paciente -una preciosa morena de opimo caderamen- le dice el joven médico: "-No tiene usted nada, señorita Granderriére. Necesita solamente un poco de descanso. Vaya a su casa, desvístase y métase en la cama. Tome dos de estas pastillas. Le producirán algo de mareo, le alterarán un poco el sentido de la realidad y la harán decir