Una monjita española estaba de visita en un convento de México. A los pocos días de su estancia la visitó el señor Obispo. “¿Qué le ha parecido nuestro país, madre?” -le pregunta. “Muy bonito -contesta la reverenda-. Sólo que los hombres son muy mal hablados. Me han escandalizado las maldiciones que dicen los albañiles que están arreglando la barda del convento”. “Bueno, madre -se justifica el Obispo-. Lo que pasa es que son hombres sencillos que llaman al pan pan y al vino vino”. “No, Su Excelencia -replica la monjita-. Al pan le dicen ‘la méndiga torta’, y al vino le dicen ‘el chinche pisto’”... La linda muchacha le pregunta al señor: “Si no es indiscreción, don Gerontino, ¿cuántos años tiene?”. “Te lo diré, hija mía -suspira el veterano-. He llegado a la edad en que el Señor ya no tiene