Casó Simpliciano, joven candoroso, con Pirulina, muchacha pizpireta. La noche de las nupcias él le pregunta a ella: “Dime: ¿eres virgen?”. “No -responde Pirulina con laconismo ejemplar-. Y tú tampoco eres San José ¿verdad? Afortunadamente ésta es noche de bodas, no de posada”... Otros novios estaban de luna de miel, y bajaron a cenar en el restorán del hotel. Pide ella: “Me trae un hot dog”. Y dice él con débil voz que denotaba extenuación y agotamiento: “Por favor, mi vida; ya piensa en otra cosa”... Don Pitorro quedó viudo. Transcurrido un mes de la fecha en que la esposa había pasado a mejor vida, una hija de don Pitorro fue a visitarlo. No lo encontró en la sala o la cocina, de modo que subió a la recámara. Ahí estaba el reciente viudo. Se hallaba en el lecho abrazado con una guapísima