Nacional jueves 29 de mar 2007, 8:07am - nota 4 de 14

Cuartos de pánico, protección antisecuestro

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Crecerá la industria mexicana del blindaje 10 por ciento en 2007; México segundo lugar mundial en blindajes.

Los llaman cuartos de pánico o habitaciones de emergencia y fue adentro de uno de estos cuartos fortificados que el señor Díaz-Osuna salvó su vida, mientras observaba por los monitores instalados en su habitación de emergencia, cómo los asaltantes vaciaban su rancho, ubicado en la carretera de Puebla. Iban por él para secuestrarlo, pero logró esconderse y permanecer refugiado durante varios días con el agua necesaria, los alimentos y los elementos de comunicación con el exterior para resguardar su vida.

En este sentido, ¿Quién no siente temor ante la probable vulnerabilidad de su bienestar? ¿Quién no tiene temor a ser asaltado en la ciudad más grande del mundo? ¿Quién no ha salido de su casa o de su centro de trabajo con un sobresalto ante la posibilidad del encuentro con un atracador en la Ciudad de México? ¿Qué habitante de una vivienda no ha sentido desconcierto por un ruido de origen incierto? ¿Quién no ha sufrido taquicardia al ver aproximarse demasiado un vehículo en el que tal vez viajen sus inminentes secuestradores?: son preguntas y reflexiones que formula el doctor Luis de la Barreda Solórzano, director del Instituto Ciudadano de Estudios sobre la Inseguridad.

En rigor, la búsqueda de alternativas de protección ante los secuestros y asaltos con violencia, crímenes y ajustes de cuentas, están influyendo en la manera como el ciudadano está protegiéndose, aseguran especialistas.

Carros blindados; casas blindadas; alambrado en las bardas; cuartos de pánico; ropa blindada; rejas en los mostradores de las tiendas; puertas de seguridad; rastreo y protección satelital para la recuperación eficaz de una persona y su vehículo, nubes de spray de defensa personal instaladas en cada una de las salpicaderas de los autos; casetas de policías y barras de acceso en la entrada y salidas de las calles; vidrios laminados o películas antiasalto contra la inseguridad; identificación forzosa con fotografía para poder ingresar a zonas que antes eran de libre acceso; asesores en alta seguridad generalmente extranjeros: todos; síntomas y reflejo de la creciente inseguridad y la oleada de secuestros que afecta a la sociedad; lo cual, a decir de expertos, ha repercutido en el auge de la industria del blindaje mexicano.

“Una de las más evidentes muestras de que la seguridad es cada vez menos privada y más pública, es la cantidad de automóviles con personal de seguridad fuertemente armado que va siguiendo a los coches blindados. Es decir, México ya es líder mundial en la industria de blindaje de automóviles”, comenta Rodrigo Amerlinck, miembro de México Unido contra la Delincuencia y agrega que el crimen organizado, como ningún otro negocio tiene 96 por ciento de probabilidades de éxito. “Tal grado de impunidad hace del delito uno de los negocios más atractivos y mejor garantizados”, asegura.

De igual modo, hasta hace muy poco el mercado de vehículos blindados, desarrollado originalmente para la industria militar, se limitaba a un segmento reducido conformado por funcionarios gubernamentales, políticos y diplomáticos, así como altos ejecutivos, directivos de empresas multinacionales y figuras públicas. Sin embargo, según expertos, debido a un incremento significativo en la demanda, la industria del blindaje ha crecido y se ha perfeccionado con la opción de adquirir autos seminuevos blindados.

Crece el mercado

Informes de la Asociación Mexicana de Blindadores de Automotores (AMBA), revelan que la industria mexicana del blindaje registrará un incremento del diez por ciento con respecto a los resultados obtenidos en 2006, por lo que se espera que este año sean blindados alrededor de mil 650 automotores, de los cuales aproximadamente 70 por ciento será de camionetas y el 30 por ciento restante corresponderá a automóviles.

Asimismo, la capital del país encabeza la entidad de la República con mayor demanda, pues sólo en la Ciudad de México se calcula que en un mes llegan a blindarse hasta 180 automóviles de todo tipo, con un costo que oscila entre 23 mil dólares a 150 mil dólares a partir de la protección balística del nivel II, (para delincuencia urbana o común, que sólo protege puertas laterales y vidrios contra armas cortas), hasta el nivel III A “NIJ” (contra armas de fuego de alto calibre, delincuencia organizada y atentados, con blindajes totalmente traslapados que minimizan los huecos balísticos); comenta Esteban Hernández, socio fundador y presidente de la Asociación Mexicana de Blindadores de Automotores.

“México ya se encuentra entre los tres principales mercados para el blindaje en el continente Americano, a la par que Colombia y Brasil y se ha convertido en un mercado cada vez más desarrollado, demostrando ser una táctica no sólo efectiva contra el secuestro, sino incluso disuasiva. En rigor, México ocupa el segundo lugar de los países de Latinoamérica que solicitan blindaje para automóviles, sólo después de Brasil, pero por arriba de Colombia”.

Dado que el crimen organizado suele identificar las unidades blindadas y conocer lo infranqueables que resultan, un auto blindado puede evitar un secuestro mucho tiempo antes de la acción violenta sobre todo cuando se trata de un CEO (persona clave dentro de una organización)”, comenta a su vez Pascal Gras, asesor en seguridad privada especializada.

El precio de perder un CEO o personal crítico

Según estudios realizados por AMBA, la pérdida de bienes muebles e inmuebles están tradicionalmente cubiertos en las empresas por seguros o reservas financieras que garantizan la continuidad operativa; pero ¿qué ocurre con la seguridad de las personas clave de una organización, también conocidas internacionalmente como CEO’s?

Para Esteban Hernández, -quien a su vez participó en la Norma Oficial Mexicana NOM-142-SCFI-2000 para niveles de protección de materiales para blindaje resistentes a impactos balísticos-, el principal recurso de las empresas es precisamente su factor humano.

A su entender, aspectos como el arraigo organizacional, la lealtad y otros intangibles, que forman parte del capital intelectual, no tienen forma económica de ser respaldados, no obstante, -continúa-existen alternativas para mitigar la exposición a riesgos, pues para Hernández un CEO, (Chief Executive Officer, por sus siglas en inglés), no es sólo una persona clave dentro de una organización, en términos estratégicos y financieros, sino que representa la imagen y viabilidad de una empresa antes sus audiencias incluyendo cliente y hasta competidores.

“Bajo el contexto de inseguridad que suele prevalecer en las grandes capitales del mundo como lo es el Distrito Federal, el blindaje y las medidas extremas de seguridad se convierte en parte del contrato de altos ejecutivos que se trasladan a trabajar a países como Colombia, México y Brasil.

El secuestro, -continúa el experto-, es sin duda uno de los delitos que mayor impacto social tiene, con fuertes secuelas sicológicas y morales para la víctima y sus familiares. Bajo este tamiz, las características y consecuencias del secuestro han modificado la vida y costumbres de los habitantes de las urbes como la Ciudad de México y ante este escenario, tomar medidas de seguridad para el personal crítico de las organizaciones se ha convertido en una obligación; pues los riesgos emanados de los factores externos sólo pueden ser mitigados a través de la implementación de formas de control en materia de seguridad como planes de protección impartidos por especialistas, control de entradas y salidas con mecanismos de diversas tecnologías, vigilancia continua, así como aseguramiento de casa-habitación y blindaje de trasportes con niveles de protección para delincuencia urbana o común (armas cortas), delincuencia organizada (armas largas) y terrorismo y atentados (explosivos, granadas de fragmentación y municiones perforantes).

De modo que, según el especialista, la seguridad no es una tarea delegable al cien por ciento en las corporaciones policíacas, dado que prácticamente cualquier ejecutivo de una organización corre el riesgo de ser secuestrado y desde esta perspectiva, más que una necesidad, la seguridad personal se ha convertido en una responsabilidad más de las empresas y organizaciones”, enfatiza.

Zozobra en la Ciudad

A su vez, para Arturo Arango Durán, investigador del Instituto Ciudadano de Estudios sobre la Inseguridad, ICESI, desde hace más de 15 años, el país ha venido padeciendo una delincuencia que ha rebasado los esquemas tradicionales de control y combate a la inseguridad pública.

A su decir, todos los gobiernos, han fracasado en virtud de que no se cuenta con esquemas de referencia que permitan la ejecución de mecanismos adecuados en el combate a la delincuencia. Aún así, -continúa- la situación real prevaleciente en determinadas áreas de la ciudad es un indicativo de mucho peso en la percepción de los habitantes. Es por eso que en el área urbana con mayor prevalencia e incidencia delictivas, -a saber el Distrito Federal-, nueve de cada diez personas se sienten inseguras.

De acuerdo con ICESI, en ninguna otra parte urbana del país la sensación de riesgo está tan extendida como en la Ciudad de México donde se sienten inseguros nueve de cada diez habitantes, proporción superior a la que observa en Mexicali, Tijuana o Ciudad Juárez.

De acuerdo con la IV Encuesta Nacional sobre Inseguridad Urbana de ICESI, quedó de manifiesto que casi el 80 por ciento de los delitos que se cometieron en el año 2005 fue con violencia y existe suficiente evidencia estadística para afirmar que la incidencia delictiva ha aumentado un 22 por ciento.

“Jugoso negocio”

En rigor, México ocupa el tercer lugar en secuestros entre los países latinoamericanos después de Colombia y Brasil. Al respecto y a decir de Marco Antonio Besares Escobar e Israel de Jesús Gómez Torres, autores del libro El secuestro Análisis Dogmático y Criminológico, la delincuencia organizada ha descubierto que el secuestro es un “jugoso negocio” que representa relativamente poco riesgo.

“El secuestro ha demostrado ser, en los últimos años, mucho más rentable y con menos probabilidades de castigo que los asaltos a los bancos u otros tipos de delitos; ésta es una de las razones que explica el dramático crecimiento de la ilícita actividad”, acotan.

Por otra parte, Néstor Núñez, autor de la obra, Secuestro. El otro gran negocio, afirma que ante el avance de este flagelo se han desarrollado a nivel mundial, nuevos y cuantiosos modelos de planes de seguros contra secuestros, cuya póliza incluye el monto del rescate, el accidente individual producido durante el secuestro, la pérdida de dinero, los gastos de representación de la agencia, los honorarios de un negociador independiente, los cuidados médicos y siquiátricos, el asesoramiento jurídico, el sueldo que hubiera dejado de percibir el secuestrado, los intereses sobre préstamos obtenidos para pagar el rescate, entre otros.

Inclusive, en la actualidad se presenta una nueva modalidad: “Una camioneta blanca con el logotipo de Perrera Delegacional, avanza por las calles de un barrio de la Ciudad de México a la caza de perros con dueño; los cuales, enlazados con el mayor cuidado, son cargados adentro de la camioneta y devueltos previo rescate de cien dólares. Se trata del secuestro express de perros. A decir de los autores antes mencionados, funcionarios corruptos estafan un promedio de tres mil 300 dólares al mes con el secuestro de mascotas”, aseguran.

Para los especialistas, ante la pasividad y complicidad de las autoridades locales y de federales, el secuestro en México se ha incrementado y sofisticado durante los últimos años, de modo tal que ahora significa un problema de seguridad nacional semejante al narcotráfico.

En este orden de ideas y ante la medida propuesta por el presidente de México, Felipe Calderón Hinojosa, a fin de castigar con cadena perpetua a quien secuestre, mutile o asesine a sus víctimas; Jesús Jiménez Granados, fiscal para la Seguridad de las Personas e Instituciones, ha expresado que la propuesta presidencial es un reclamo social, pero hace falta dar una explicación amplia al respecto y un análisis de los pros y contras para tomar una decisión, resaltando que las sentencias de muchos años no ayudan a reducir los índices delictivos, como ya ha quedado demostrado en las últimas reformas. A su entender un delincuente dedicado al secuestro en lo que menos piensa al cometer un delito es en el número de años que le van a imponer en prisión, alerta Jiménez Granados.

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