Don Madano, hombre francamente obeso, tenía panza pitiada: tan grande era que le tapaba el pito. Del automóvil, quiero decir. El acto connubial entre el adiposo señor y su mujer requería de acrobacias que ni en el Cirque du Soleil se pueden ver. Una vez don Madano intentó la postura ortodoxa, tradicional o clásica, llamada también "del misionero", pues los predicadores protestantes la dieron a conocer a los isleños de los mares del Sur como única con aprobación cristiana. Los isleños conocían otras 3,014 posiciones, pero ésa se les había escapado. Y al principio los escandalizó, debo decir: la consideraron contra natura. Cada quien. Puso, pues, don Madano con ímprobos trabajos su colosal humanidad sobre la frágil anatomía de su mujer, y luego le pidió algo de movimiento erótico. Ella nada