Doña Pasita, dulce anciana de cabellera blanca y rósea tez, se vuelve en el lecho hacia su esposo, don Ruguito, y le dice con ternuras en la voz: "Viejito: esta noche no me duele la cabeza". "¡Qué bueno, mi amor! -responde lleno de alegría el viejecito-. ¿Quiere eso decir que hoy sí puedo tomarte de la mano?"... La suegra de aquel señor decidió por fin terminar la visita que hacía a su hija, visita que anunció por seis días y duraba ya seis meses. Cuando el esposo supo que su madre política dejaría la casa, le dijo muy pensativo a su mujer: "Creo que voy a extrañar a tu mamá". "¿De veras?" -exclama conmovida la señora. "Sí -repite el tipo-. Para no extrañarla tanto me conseguiré un tiburón y lo pondré en la bañera"... El apuesto príncipe dormía profundamente un sueño de siglos, víctima del