Don Astasio llegó a su casa y -como de costumbre- encontró a su esposa entrepiernada con un robusto mocetón. Colgó don Astasio su saco, el sombrero y la bufanda en el perchero del pasillo, y luego fue al chifonier donde guardaba una libretita en la cual anotaba palabras denostosas para decirlas a su mujer en tales ocasiones. Volvió a la sala y le espetó a la pecatriz un adjetivo nuevo que había encontrado recientemente. Le dijo: "¡Falluta!". Esa palabra se usa en Argentina y Uruguay para nombrar al hipócrita o desleal. El voquible lo halló el mitrado esposo en un texto de Silvina Bullrich. Pero dije: "Volvió a la sala". ¿Acaso la acción adulterina no tenía lugar en la recámara? No. La esposa de don Astasio, doña Facilisa, era de imaginación creadora, y veía en el adulterio todo un océano d