Mañana daré a conocer una fórmula para salvar a la República, y pasado mañana otra para evitar la caída del pelo. Hoy me limitaré a narrar un cuentecillo insustancial seguido por una meditación igualmente insustancial... La señorita Sheila Kill, detective privada originaria de Poughkeepsie, Nueva York, fue invitada por el jefe de una corporación policíaca de México a visitar la Capital para dar asesoría técnica a los investigadores. La recibió el subjefe. A poco de hablar con él la visitante notó que le faltaba su lujosa cigarrera de oro. No dijo nada, pero cuando se vio en presencia del jefe le informó: "Acabo de notar la pérdida de mi lujosa cigarrera de oro. Estoy segura de que la tenía conmigo cuando llegué aquí. Con nadie he estado más que con el subjefe de su corporación. No quiero a