¡Vaya manera de empezar la semana laboral! El cuento que hoy levanta el telón de esta columnejilla no debería mirar la luz de la mañana. Cuando me lo contaron me quedé en Babia, hecho un chiquilicuatro, sin entender por qué quienes conmigo lo escucharon prorrumpieron en una jocunda risotada. Pongo aquí ese relato en la esperanza de que alguno de mis cuatro lectores lo lea y me lo explane luego... Timoranta, muchacha de pocos entenderes en ciencias del mundo y de la vida, fue a hacer confesión de sus pecados ante el padre Arsilio. Le dijo que había incurrido en falta contra el sexto mandamiento. El sacerdote le pidió que fuera más explícita, pues -le dijo- el tal precepto, relativo a la lujuria, admite numerosísimas variantes, desde el íntimo pensamiento voluptuoso hasta la orgía multitudin