El cuento que hoy descorre el telón de esta columnejilla fue calificado por la Liga de la Decencia con cinco equis: XXXXX. Sí, conté bien: cinco equis. Tal clasificación indica el grado extremo de la sicalipsis. La lectura de un cuento así suele provocar los siguientes síntomas a las personas con melindres de moral: erisipela, isípula, rubefacción, eritema, sarpullido y comezón. No lo lean, entonces, las personas de conciencia remilgosa... Doña Macalota llegó sin aviso a visitar a su hija casada. La joven esposa le cedió su habitación para que pasara ahí la noche. Ese día el marido de la muchacha -que no estaba en buenos términos con su mamá política- llegó a la casa en horas de la madrugada. Iba azumbrado, quiero decir beodo. Se metió en la cama sin más, y al sentir en ella a quien creyó