Voy a contar este día una historieta de color subido. En lo que va del año ningún cuento aparecido aquí ha tenido tan alta dosis de sicalipsis, es decir de malicia sexual o picardía erótica. Leyó esa narración el señor Calvínez, secretario perpetuo de la Liga de la Decencia, y al terminar la lectura le apareció en la piel un eritema pelagroide con exfoliación epidérmica y psilosis pigmentosa. De inmediato su señora le aplicó fomentos de agua de Alibour y cataplasmas saturninas, pero de nada sirvió ese tratamiento, y el señor Calvínez hubo de ser internado con urgencia en una clínica. Ahí sigue hasta hoy, poseído por una grave melancolía estupurosa, indiferente a todo lo que le rodea. Ni siquiera lo sacó de su marasmo un ramo de flores que recibió con un breve mensaje en el cual su secretar