EDITORIAL miércoles 21 de feb 2007, 11:22am - nota 3 de 8

El reto ambiental de la agricultura en la comarca lagunera

Por: Manuel Valencia Castro


?El futuro pertenece a las

comunidades sociales que estén dispuestas a sacrificar ventajas inmediatas por beneficios a largo plazo?

Carl Sagan

La Comarca Lagunera, ubicada en el corazón del Desierto Chihuahuense fue privilegiada por la naturaleza con abundante agua, dos importantes ríos el Nazas y el Aguanaval son los encargados de drenar una gran superficie de terreno árido y semiárido hasta los fértiles suelos de los valles aluviales, otrora las lagunas de Tlahualilo, Mayrán y Viesca. Estas lagunas se fueron secando a medida que la intervención del hombre fue siendo mayor, primero por aquellos grandes bordos que se oponían al ?golpe de la corriente? y que permitía el riego por entarquinamiento, hasta la construcción de las presas y de la gran infraestructura hidráulica de conducción consistente en los canales revestidos que favorecieron el establecimiento de un emporio agrícola y ganadero. Muy pronto, el paradigma del máximo crecimiento económico sin importar los costos ambientales se impuso en la explotación de los recursos naturales. Las consecuencias no se hicieron esperar y una problemática ambiental de grandes dimensiones nos aqueja ahora.

La problemática del agua, en nuestra bellísima región árida, es sin duda la más sobresaliente. La situación se ha vuelto insostenible y amenaza el colapso, por un lado la sobreexplotación del acuífero subterráneo y el empeoramiento de la calidad del agua provocado por el incremento de sales de arsénico, y por el otro, el manejo de los ríos que se consideran como simples cauces que permiten el flujo del agua de las zonas altas hasta las zonas de desembocadura. No se considera en lo absoluto el lado biológico que se desarrolla tanto en las corrientes como en sus riberas y planicies. El lado social sólo se contempla en un sentido estrictamente utilitario, que se caracteriza por la búsqueda de la eficiencia, llegando al punto de la ignorancia porque en su afán de conducir en el menor tiempo un gran volumen de agua superficial, se olvida que es en los ríos donde ocurre la mayor recarga del acuífero.

La contaminación por pesticidas es otro problema que no se puede soslayar, en los buenos tiempos del algodón la contaminación llegó a ser diez veces mayor a la norma establecida por la Organización Mundial de la Salud; alguien podría decir que esto fue hace mucho tiempo, el asunto es que los venenos utilizados entonces eran altamente residuales y además aunque en menor escala se siguen utilizando intensamente otros pesticidas.

El concepto de sustentabilidad ofrece una posibilidad real para ordenar ecológicamente la región, con un enfoque holístico de cuenca, esto es, creando las condiciones para que el aprovechamiento de los recursos naturales sea ecológicamente apropiado, pero también socialmente responsable y económicamente viable. Permitir la utilización económica de los recursos mientras se mantenga la estructura ecosistémica, la composición de especies, el hábitat para fauna silvestre, biodiversidad, valores escénicos, recreativos y protección de la cuenca hidrológica.

El reto de nuestra región se podría ubicar en una transición de la agricultura convencional que actualmente se realiza hacia una agricultura sustentable, proceso que además de ser gradual y paulatino, involucraría cuestiones sociales, económicas y técnicas.

Como parte de este reto, sería necesario definir el tipo de región que deseamos o a la que queremos llegar, que serviría de guía para orientar todos los esfuerzos públicos y privados. Esta imagen idealizada de nuestra región podría tener entre otras las siguientes características: Un acuífero equilibrado, ríos sanos, una disminución de la contaminación por pesticidas, una menor dependencia del exterior y la satisfacción de las necesidades básicas humanas.

Un ensayo de propuesta tendría que incluir el reconocimiento social de la necesidad de mejorar, conservar y proteger nuestros recursos naturales. Se podría impulsar, como ha ocurrido en otros países, el uso de buenas prácticas agrícolas las cuales estarían definidas y acotadas por un conjunto de normas medioambientales que tendrían igualmente que desarrollarse o adoptarse y paralelamente se establecería un programa de estímulos a productores. De esta manera, aquellos productores que emplearan las buenas prácticas agrícolas y que cumplieran con las normas establecidas, serían incentivados.

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