Finanzas miércoles 21 de feb 2007, 11:22am - nota 3 de 8

La importancia de los incentivos

Por: SALVADOR KALIFA


Los incentivos constituyen una de las piedras angulares sobre las que se finca el andamiaje de la ciencia económica. El supuesto central es que las personas actúan racionalmente y su comportamiento responde a las señales que perciben en el entorno. Cuando los economistas decimos que los incentivos importan, muchos piensan que sólo nos referimos a los aspectos pecuniarios, pero en realidad nos centramos en ellos porque son más fáciles de observar y usualmente más fáciles de medir y cambiar que los incentivos no monetarios.

En la práctica, sin embargo, los incentivos para afectar el comportamiento de las personas pueden ser pecuniarios o no pecuniarios. No sólo el dinero es importante, también el tiempo, la reputación, la conciencia, el patriotismo, el poder, la ambición, la inacción y el amor pueden servir como incentivos para orientar el comportamiento humano.

La mayoría de las personas, sin embargo, aún cuando continuamente reacciona a los incentivos que recibe, por lo general los desdeña a la hora de proponer, apoyar o favorecer políticas públicas. Esto es particularmente cierto para los políticos, que por lo común están más interesados en los resultados de la próxima elección, que en las consecuencias de largo plazo de sus acciones. Se pueden citar múltiples ejemplos sobre la relevancia de establecer los incentivos correctamente alineados para lograr los resultados que uno desea del comportamiento de las personas, pero me llamó la atención uno que leí recientemente. La nota, ?Los incentivos son importantes? de Russell Roberts, con fecha 5 de Junio de 2006, describe entre otras cosas, lo que sucedió hacia fines del siglo 18 cuando Inglaterra comenzó a enviar convictos a Australia. Roberts relata que:

?El transporte (de los convictos) lo proveían intereses privados pero era financiado por el gobierno. Muchos convictos murieron en el camino, debido a enfermedades por hacinamiento, mala nutrición y poco o nada de tratamiento médico. Entre 1790 y 1792 murió el 12 por ciento de los convictos, causando consternación a muchos hombres y mujeres ingleses que pensaron que el exiliarlos a Australia no debía ser una sentencia de muerte. En un barco pereció el 37 por ciento de los convictos. ¿Cómo convencer a los capitanes de las naves para que cuidaran mejor su carga humana??

?Uno puede hablarles a los capitanes acerca de la crueldad de la muerte, y los clérigos hicieron eso desde los púlpitos. Uno puede incrementar los recursos asignados por el Estado proveyéndoselos a los capitanes con base en el número de pasajeros que transportaban. Puede urgírseles a que gasten más de esos recursos para el cuidado de sus pasajeros. ?También puede insistírseles en que gasten el dinero con más cuidado, o avergonzarlos para que se comporten mejor?.

El gobierno inglés, sin embargo, ?probó un enfoque diferente. El gobierno decidió pagar a los capitanes un bono por cada convicto que se bajara vivo del barco en Australia. Este simple cambio funcionó de maravilla. La mortalidad cayó virtualmente a cero. En 1793, los tres primeros barcos que hicieron el viaje a Australia bajo el nuevo conjunto de incentivos, sólo tuvieron la muerte de uno de 322 convictos que fueron transportados, una sorprendente mejora?. Roberts no considera ?que los capitanes se volvieron más compasivos. Ellos eran tan ambiciosos y desalmados como antes. Pero bajo las nuevas reglas, tenían un incentivo para actuar como si fueran compasivos. El cambio en los incentivos alineó el interés de los capitanes con el interés de los convictos. Estos fueron repentinamente más valiosos vivos que muertos.?

Lo anterior muestra la importancia de alinear correctamente los incentivos, cosa que no sucede muchas veces en México. Sólo así se explica, por ejemplo, el pésimo incentivo que creó el gobierno de Fox con su inacción ante eventos como Atenco, la toma de la avenida Reforma y el Zócalo por las huestes de López Obrador, el problema con el sindicato minero y la situación anárquica de Oaxaca. En todos ellos se dieron diversas violaciones a la ley y al Estado de Derecho que quedaron impunes, lo que da un incentivo para que los grupos de presión consideren que la forma más rápida de obtener algún objetivo político o económico sea sumir a la ciudad, Estado o país en una situación de ingobernabilidad y anarquía.

Otra muestra de incentivos inadecuados fue la reacción del nuevo gobierno de Calderón ante el alza del precio de la tortilla. El establecimiento de topes a la cotización de ese producto y culpar del problema a ?acaparadores y especuladores?, si bien cumple un objetivo político, carece de sentido económico, y más cuando se trata de un producto genérico. Los precios son la principal señal del mercado y se convierten en un incentivo crucial que determina el comportamiento de los agentes económicos. Un precio tope propicia, por un lado, un aumento en la demanda, pero al mismo tiempo desalienta la inversión para producir más bienes sujetos a control. Por otro, cuando se ponen los controles de precios, la gente se vuelve muy creativa al responder al cambio en incentivos. En el período inflacionario mexicano, cuando las autoridades establecieron precios topes para distintos productos, entre ellos los bolillos, los panaderos no desaparecieron el producto de los anaqueles, simplemente produjeron piezas de menor tamaño.

Estos son sólo algunos ejemplos que muestran que la calidad de nuestras políticas públicas mejoraría substancialmente si nuestras autoridades le dieran a los incentivos la importancia que merecen, de manera que las medidas y acciones gubernamentales los alineen correctamente para obtener los resultados esperados, con el mínimo de desviaciones y desperdicios, así como sin la aparición de consecuencias económicas y sociales no deseadas.

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