Don Arolio llegó a su casa después del trabajo. Su mujercita lo estaba esperando vestida sólo con un vaporoso negligé. Sin decir palabra lo tomó de la mano, lo condujo a la recámara y ahí le hizo el amor en forma arrebatada. Todas las artes descritas en el Kama Sutra las puso en ejercicio la señora, y regaló a su esposo inéditos deliquios a los cuales había puesto objeción antes. Cuando por fin concluyó el apasionado trance don Arolio le dice a su agotada cónyuge: "Esto estuvo muy bien, Clorilia. Pero ahora dime: ¿qué le hiciste al coche?"... Don Ultimio regresó de la consulta con el médico. Con acento sombrío le comunica a su mujer: "Seguramente estoy muy mal. Mira la receta que me escribió el doctor: ?Tómese un par de aspirinas y compre hoy mismo un boleto de avión a Lourdes?"... El padr