Y cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba ahí. La prehistórica bestia se nos presenta ahora, amenazante, en forma de sindicato petrolero. Tiene nombre: se llama Carlos Romero Deschamps. Las manifestaciones habidas en la Ciudad de México y en las principales poblaciones donde Pemex tiene instalaciones nos muestran que el decantado cambio democrático será más apariencia que verdad si a todos los ámbitos de la vida mexicana, incluso el sindical, no llegan los vientos de renovación que soplaron con fuerza el 2 de julio. ¿Aumento salarial? Siempre el sindicato de Pemex ha llegado a felices acuerdos con la empresa sin necesidad de recurrir a presiones como las de antier. Romero sacó a la calle sus mesnadas para probar su fuerza y eludir cualquier posible acción en contra suya derivada del