Grave responsabilidad es ésta mía, de orientar a la República. La llevo como un pesado fardo que me agobia. Por las noches me desvela el pensamiento de no poder cumplir a cabalidad esa misión. Pero ¿quién puede oponerse al designio de los hados? Ellos fueron quienes echaron esa carga sobre mí, y ahora debo llevarla sin protesta. Mayor es el gravamen cuando veo que muchas veces la República no hace aprecio de mis orientaciones. Hace unos días, por ejemplo, sugerí que con medidas prudentes el Gobierno atemperara los efectos del aumento de precio en la tortilla, alimento básico de los mexicanos. ¿Qué sucedió? Se hizo un pacto lleno de vaguedades que fue un ejemplo más de ese mítico objeto legendario, la Carabina de Ambrosio. De ahí se han agarrado algunos revolvedores de masas para sacar a su