Don Crésido, rico empresario, conoció en una fiesta a una chica de hermoso rostro y voluptuosas formas. Le dice la muchacha llena de exaltación: "¡Don Crésido, soy su más ferviente admiradora! ¡Tanto lo admiro que, si quiere, ahora mismo le hago el amor en el modo más apasionado y lleno de variedad que pueda usted imaginar!". "¿Ah sí? -responde con módico interés el dineroso señor-. Y ¿cuál sería mi ganancia?"... En la mullida suavidad del lecho sir Lancelot se acercó a lady Guinivére. "¿Otra vez?" -pregunta ella. Responde, comedido, el caballero: "Milady, hace tres días que no me dáis vuestra tibieza". Replica ella: "Quiero decir, sir Lancelot, que las Cruzadas ya acabaron. ¿Y otra vez queréis hacerlo con la armadura puesta?". (Qué incómodo. Deja la frialdad: los rechinidos)... En el nore