Llegó don Astasio a su casa y, como siempre, halló a su mujer entrepiernada con un desconocido. El pobre señor colgó su americana en el perchero, lo mismo hizo con el sombrero y la bufanda, y fue luego a buscar la libretita donde anotaba palabras denostosas para enrostrar a la infiel en esos casos. Regresó y le dijo sin perder la compostura: "Falena". Ella, ocupada como estaba, no hizo aprecio de la deturpación. Prosiguió sus vaivenes y meneos, pues no le gustaba interrumpir algo que había comenzado. Decía que eso era falta de responsabilidad. Otra vez repitió don Astasio con voz de tenedor de libros: "Falena". Entonces sí la pecatriz se molestó. "¡Pero, Astasio! -protestó enojada-. ¿No ves que estoy atendiendo a la visita?"... Hay palabras que caen del idioma / como hojas que caen de los