Don Cornilio llegó a su casa en las horas más altas de la madrugada. Lo acompañaba su compadre Empédocles, proclive a báquicas expansiones. Los dos iban más ebrios que una cuba. Facilisa, la esposa de Cornilio, los recibe con áspera acrimonia. "¡Cornilio! -profiere furibunda-. ¡Mira nada más a qué horas vienes, y en qué estado! ¡En castigo no me acostaré contigo en dos semanas!?. Luego se vuelve hacia Empédocles y le espeta: "¡Y con usted tampoco, compadre, para que no ande de sonsacador!?... Don Fortunoso Malfario, señor de suerte aciaga, hacía un vuelo en avioneta. De pronto empezó a fallar el motor de la pequeña nave. "No hay problema? -tranquiliza el piloto a su pasajero al tiempo que se ponía una especie de mochila. "¡Cómo que no hay problema! -farfulla Malfario hecho un manojo de ner