Sucesos martes 2 de ene 2007, 11:02am - nota 5 de 5

Las celebraciones prehispánicas de fin de año

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Notimex

México.- Entre las culturas prehispánicas mexica y maya, las festividades para dar la bienvenida al año nuevo constituían importantes acontecimientos relacionados con los astros que se distinguían por la preparación de platillos especiales, ritos corporales, limpieza del hogar, bailes ceremoniales y el desecho de lo arcaico.

De acuerdo con la doctora Yólotl González Torres, del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), en el mundo mesoamericano, las celebraciones de año nuevo se regían por un calendario conformado por 18 meses de 20 días, más cinco sobrantes (mes corto) que iniciaba el año en fechas distintas, de acuerdo con cada cultura.

Entre los mexicas, por ejemplo, explicó la especialista, el calendario daba inicio en febrero, lo cual no tiene relación alguna con un acontecimiento astral de importancia, pues de "acuerdo con el calendario mesoamericano, el mes de 20 días que precedía a los Nemontemi (mes corto o cinco días aciagos) marcaba el fin de año".

Dicho mes era conocido como Izcalli, y coincidía con el de enero cuando se realizaba una fiesta en honor del Dios del Fuego, Xiuhtecuhtli, quien era el encargado de la regeneración del mundo.

De esa forma, agregó la especialista en un comunicado del INAH, alrededor del elemento fuego se llevaban a cabo una serie de actos solemnes que poco a poco se hacían más grandes hasta derivar en la gran ceremonia del Fuego Nuevo, que tenía lugar en el Cerro de la Estrella, en la actual Iztapalapa, cada 52 años.

"Con el Fuego Nuevo -comentó- se apagaban todas las luces de México-Tenochtitlan y entonces esperaban la culminación de las `Pléyades" o `Siete cabrillas" en el cenit, señal de que nacería un nuevo Sol. Cada año debió ser una especie de reminiscencia de este hecho".

La especialista, adscrita a la Dirección de Etnología y Antropología Social (DEAS), explicó además que cada año, con pequeños maderos se elaboraba una estatua de Xiuhtecuhtli que se adornaba con una máscara de mosaico y arte plumario, tradición que fue relatada en las crónicas de Fray Bernardino de Sahagún.

"Jóvenes de distintos barrios o calpullis -enfatizó- iban de caza y entregaban lo obtenido -principalmente sabandijas y animales pequeños- a los sacerdotes, quienes a su vez ofrendaban al fuego. También se repartía un tipo especial de tamal y, además, a final de año interpretaban un baile, como en casi todos los meses".

Entre la cultura que dominó el Valle de México, explicó, se acostumbraba además "estirar" a los niños, con la idea de que llegarían a ser adultos grandes y fuertes.

Además se les practicaba una ceremonia de perforación de las orejas y les daban de beber pulque en unas tazas pequeñas, como en una especie de bautizo en la que había "padrinos".

Los mayas por su parte, explicó González Torres, "adoraban a todos sus ídolos y renovaban todas las cosas que tenían para su servicio: vasijas, bancas, ropa, barrían las casas y todo lo viejo lo tiraban a la basura".

La costumbre de barrer es muy extendida entre los pueblos, ya que entraña la renovación, pensar que para el año siguiente todo será bonito, adujo.

A pesar de las pocas referencias con que se cuenta, explicó la especialista que cronistas como Fray Diego de Landa testifican que el primer mes maya era llamado Pop (hacia el mes de julio), cuando se celebraba una gran fiesta.

De igual forma, dijo, "el ayuno era una tradición que antecedía las festividades, además de la abstinencia sexual y la reserva de algunos alimentos, o la condimentación con sal. Las mujeres quedaban excluidas de lo anterior, lo que continúa en la actualidad entre algunas poblaciones mayas".

Durante estas fiestas, finalizó, los chaac o sacerdotes quemaban incienso ante los altares, y en el Año Nuevo todos se juntaban en el patio del templo (excepto las mujeres) y tenían un baile y banquete especial.

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