Difícil fue el año que se va. Difícil, vaticinan algunos, será también el año que ya viene. Sin embargo, con todos los males, problemas y sobresaltos que en el 2006 se presentaron aquí estamos, y así vamos viviendo. Por encima de la azarosa vida política y la precaria vida económica de la República los mexicanos conservamos el gusto de la vida, y nada nos puede arrebatar el gozo que deriva de nuestros afectos y nuestras alegrías. Eso se mostró en las pasadas fiestas, que casi todos celebramos como si fuéramos habitantes de una Jauja. Quizá debamos aprender, es cierto, que la riqueza verdadera no consiste en tener mucho dinero, sino pocas necesidades qué satisfacer. A eso se le llama templanza, virtud cardinal muy olvidada que nos permite estar contentos, es decir, contenidos en un límite s