Éste era un padrecito que gustaba de probar de vez en cuando las mieles del líquido inventado por el santo patriarca Noé, es decir, el vino. Ni culpa ni falta encuentro en ello: pecado peor es el fumar, y se disuelve en humo. Además lo he dicho ya otras veces: "El vino eleva el espíritu, convéngale al cuerpo o no?. Sucedió, sin embargo, que el día en que le tocaba confesar el padre se había tomado sus copitas. Llegó una muchacha a recibir el sacramento de la penitencia, y de inmediato percibió tufo de alcohol en el aliento del presbítero. "Ay, padre -le dice arriscando con disgusto la nariz-. Huelo mucho a vino?. "Olvida eso, hija mía -responde el sacerdote-, y dime tus pecados?. "Me acuso -empieza ella-, de que estoy haciendo el amor con mi novio?. "Continúa? -le pide el señor cura. "Padr